15 febrero 2009
27 febrero 2008
23 febrero 2008
Monólogo nº 11
A mí no me gusta estar enfermo, pero me encantan los hospitales, porque en los hospitales se descansa mejor que en ninguna parte. Y por eso, de vez en cuando, me gusta hacerme alguna avería. Nada serio, me rompo un brazo… Vamos, lo justo para que me den una camita y un mando a distancia. Pero, para descansar a gusto, me voy a un hospital público, ¡de gratis! Porque, según el dicho, “Quien paga descansa”,pero quien no paga, descansa más. Para empezar, en el hospital te puedes pegar todo el día en la cama. Vamos, que se enfadan si te levantas. ¡Y se respira una paz! Abres así los ojitos y todo lo más que oyes, son los quejidos del de la cama de al lado: - Aaaaaaaah…Aaaaaaaah…Aaaaaah…
¡Si parece el sonido del mar! Y, además, como por mucho que se queje, nunca viene nadie… ¡Es el relax total!
Y por las mañanas, te traen el desayuno a la cama. ¡Y con unos detalles! Por ejemplo, sabes que no te vas a quemar con el café. Ya se preocupan ellos de que te llegue frío. Y con el bollo se esmeran: como no saben qué sabores te gustan, pues no le ponen ningún sabor, y así no se arriesgan. Además, ese bollo es fantástico, porque si no te gusta el café, tú metes el bollo dentro, y como está tan seco, se lo bebe él. Si es que está todo pensado.
¡Y es que en los hospitals… se come de puta madre!
Pero no me refiero a la comida que te ponen ellos, esa va directamente de la bandeja al váter sin pasar por mi cuerpo, sino a la que te traen los colegas de estrangis. Claro, cuando la enfermera te pregunta: - ¿Qué tal la comida? Tú le respondes: - Estupendamente, señora, el jabugo estaba exquisito. La tía se ríe creyendo que estás de cachondeo.
Y es que estar en un hospital sin tener nada serio es cojonudo. Están todo el día pendientes de tus necesidades: “¿has dormido?” “¿Has comido?” “¿has meado?” Y como no hayas meado… ¡te sondan! ¡Qué detalle! O sea, que si hace falta, entran ahí dentro a por la orina. Vamos, eso no te lo hacen ni en el mejor hotel de lujo. Pero esto es porque a los médicos les encanta meter cosas en los orificios. Para mí que el ombligo es la huella de algo que nos quiso meter el pediatra por un sitio equivocado.
Además, en los hospitales todo el mundo te trata con mucho respeto. Para empezar, como tú estás en pijama, los médicos van en bata, para que no te sientas violento. Y cada mañana llega un grupito de médicos, te rodea y empiezan a preguntarte cosas y a tomas notas, que parece que estás dando una rueda de prensa. ¡Que te sientes como Mar Flores: todo el mundo interesado por lo que pasa en tu cama!
Ésa es otra cosa cojonuda: ¡la cama! Esa cama mecano… Que tiene posturas en las que nunca te vas a poner: por ejemplo, esa postura en V. ¿Para qué? ¿Para pintarte las uñas de los pies? ¡Esa cama es para hacer el kamasutra! Tener una cama de éstas y no usarla para el sexo es como tener una muñeca hinchable y usarla de flotador.
Otra cosa maravillosa del hospital público es que no tienes que aguantar allí a la familia todo el puto día. Enseguida viene la enfermera, los echa, y te quedas allí como Dios. Y por si algún plasta se empeña en quedarse a pasar la noche, ponen un sillón de skay, que al día siguiente le tienen que ingresar de cervicales. ¡Por eso se quiere quedar la gente, nos ha jodido! ¡Para que los ingresen! ¡Por pura envidia!
Y si te aburres, te vas al pasillo, que es el sitio de más ambiente del hospital: allí todo el mundo va con su pijama del Insalud, arriba y abajo, como si fueran zombies. Que parece la Pasarela Cibeles. Vamos, los que van con el tacataca y el gotero parece que lleven un modelo de Ágatha Ruíz de la Prada.
Los hospitales son cojonudos. Aunque tengo que reconocer que me cuesta acostumbrarme a tanta comodidad. Si es que hasta te meten una cuña. Sí, una cuña… ese orinal futurista que te ponen para cagar tumbado.
No sé si lo han probado, pero es dificilísimo. Y a mí me gustaría aprender, porque debe de ser de un cómodo… No entiendo cómo por todos lados dan cursos de baile de salón y a nadie se le ha ocurrido organizar un máster para aprender a hacer esto. ¡Y es muy importante! ¡Requiere mucho talento! Cuando a alguien le den el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias deberían decirle: - Mire, le vamos a entregar este premio, pero antes déjeme que le pregunte: ¿sabe usted cagar tumbado?
Pero si tuviera que elegir, lo mejor del hospital es el gotero. ¡Ah, el gotero, eso sí que es un invento! No entiendo por qué las cervecerías no copian el sistema. Podría ser como un teléfono manos libres, pero para beber cerveza. Vamos, que si lo ponen en el hospital, yo ya no saldría de allí.
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04 julio 2005
¿Cómo saber si ella tiene ganas? Por Manel Fuentes
Tener relaciones sexuales es difícil, siempre. Cuando tienes pareja piensas:"¡Por fin voy a tener sexo cuando yo quiera!". ¡Mentira! Eso de las relaciones sexuales estables es una leyenda. Es difícil que se dé que ella tenga ganas y que tú tengas ganas, y que cuando tú tengas ganas, ella sepa que tú tienes ganas y tú sepas que ella tiene ganas...Yo, por necesidad más que nada, me he convertido en un experto en interpretar este tipo de señales. Veréis: si estás en el sofá y cuando va a acostarse te dice: - Me voy a la cama, no tardes.Eso quiere decir: "Me voy a acostar sin bragas". Pero si ella se acuesta y te dice: - Yo me voy a la cama, cuando vengas haz el favor de no hacer ruido.Amigo mío... coge una revista y sedúcete a ti mismo.
Hay palabras mágicas que ella suele utilizar para dejar claras sus intenciones. Por ejemplo, la palabra "siesta". Si ella después de comer te dice: - ¿Nos echamos la siesta?Está claro: "sí está".Hay que estar muy atento a cómo se viste cuando se acuesta. Si se coloca los calcetines y el esquijama con pelotillas te está diciendo que no quiere saber nada de tus pelotillas...Yo creo que, con esto del sexo, las personas funcionamos un poco como los teléfonos móviles: que se supone que sirven para que estemos comunicados siempre, pero a veces tú lanzas un mensaje y ella no está operativa;otras te lo lanza ella a ti, y resulta que tú estás comunicando.Si un día anodino, como por ejemplo el martes, tu chica sin venir a cuento te pregunta por Zidane: - Oye, ¿y cómo va lo de Zidane? Está claro... ¡¡¡Quiere... que le introduzcas el PIN!!!Hay otras señales más sutiles. Hay que estar muy atento a cómo te llama cuando llegas a casa. Si entras por la puerta y escuchas tu nombre tres octavas más agudas de lo normal (En vez de oír:"Hola Manel", oyes: "¡Hola Maneeeeel!"), prepárate. Va a estallar el obús. Te va a hacer como en el anuncio de Jazztel: "¡Otro...! ¡Otro...! ¡Otro más...!" Lo malo, cuando te pasa esto, es que tú, al segundo, te quedas sin batería.Si cuando se está arreglando para salir te dice:"¿Me ayudas a subirme la cremallera?", en realidad te está diciendo:"¿Cuándo volvamos... también me la bajarás?". Es decir, ella está a tope de cobertura.Pero atención, porque el momento de subirle la cremallera es muy delicado. Si la pellizcas sin querer, se acabó lo que se daba. Se dará la vuelta y te dirá: "¿Qué piensas? ¿Qué estás cerrando una maleta? ¡Serás bestia!". Y conectará el buzón de voz. Ya puedes llamar, ya...La postura que ella coge cuando se mete en la cama es otra forma de saber si está operativa o no está operativa. Si se mete en la cama y se enrolla como una oruga... no te esfuerces, tiene el terminal apagado.Pero si por el contrario, se tira boca abajo y mueve el culete como el pato Donald al andar... ¡Atención, tienes una llamada en espera!En cualquier caso, con móvil o sin él, el momento clave sin duda es el sábado. Porque el sábado por la noche tú sabes que toca. Y con esa ilusión te metes en la cama. Pero puede pasar que, de repente, apague la luz y diga: - Buenas noches.- ¿Cómo que buenas noches? ¡Pero si es sábado!Te dan ganas de levantarte a por el calendario y decirle: "Mira... Mira... ¡Mañana rojo!". Hombre, por favor... Yo creo que, como hay mucha despistada por ahí, deberían decirlo en las noticias: "Y terminamos recordándoles que hoy es sábado... Mañana rojo".Sin embargo en vez de ir a por el calendario, lo que hacemos la mayoría de los tíos es poner en marcha la operación gusano: acercarnos a ella reptando por la cama, como sin querer, hasta que nos acoplamos. La abrazamos y empiezas a tontear con la mano, que si le acaricias la cadera, que si ahora la tripita... y empiezas a subir y a subir, a ver si ella reacciona.Y sí que reacciona, sí. De pronto te coge la mano y te dice:- ¡Qué bien estamos así! Yo no necesito nada más.Y te quedas con las ganas. Esperando la próxima señal. Habrá que tener... la antena sacada
MONÓGO DE IMPRESCINDIBLE LECTURA!!!! xDDDDD